domingo, 24 de agosto de 2008

SE ROZÓ EL ORO


Los chicos de oro pusieron el final feliz a la actuación española en los Juegos Olímpicos de Pekín. Una derrota memorable que hizo revivir el espíritu de los hombres de Antonio Díaz Miguel en Los Ángeles'84 y que demostró que el baloncesto español se ha instalado en la excelencia desde hace tiempo. Ahora se mide de tú a tú con los gigantes atletas americanos de la canasta.

El madrugón mereció la pena, como lo fue trasnochar en el lejano verano del 84. España se volvió a vestir de plata a lo grande. Pero en esta ocasión hubo partido y quebradero de cabeza para el conjunto norteamericano, que debió emplearse a fondo para derrotar al talento fresco de Pau Gasol y los suyos.

Veinticuatro años han pasado desde la plata de Los Ángeles 84 y, como dice hoy el director de AS en su columna, nadie nos conoce. Quizá el partido de hoy contra la todopoderosa selección NBA sea el mejor ejemplo de ello. Entonces perdimos por más de treinta puntos (96-65), contra un brillante equipo universitario -que no profesional-, en un encuentro al que asistimos como meritorio sparring. Hoy caímos sólo por once y dimos guerra hasta el cuarto y último cuarto. España es un país moderno que cuenta con notables representantes en casi todas las modalidades deportivas, sean éstas olímpicas o no.

Los once puntos de diferencia no hacen del todo justicia al partido disputado (y disfrutado) en el pabellón Wukesong de Pekín. Estados Unidos fue siempre superior y mandó siempre en el marcador tras los minutos iniciales, pero España se mantuvo siempre viva, relativamente cerca del milagro hasta los últimos minutos.

Arranque prometedor

España salió bien en el primer cuarto. Atrevida, descarada y enchufada, con una actitud intachable sobre la cancha ante el rival más temible, el mismo que en la fase de grupo nos endosó una implacable paliza. Navarro parecía recuperado para la causa, con ganas de demostrar su valía ante los mejores jugadores de la Liga a la que ha decidido decir adiós. Y Pau Gasol imponía respeto sobre los hombres altos. Los chicos de oro llegaron a mandar en el electrónico durante unos minutos. Pero la ilusión duró lo que tardó la tenaz realidad en hacernos despertar del sueño. Los elegidos de Mike Kryzewski, con un inspirado Dwyne Wade (21 puntos antes del descanso) y con Pau tomándose un respiro, forzaron la máquina con constantes penetraciones a canasta.

Raúl López y Ricky Rubio se cargaron enseguida de faltas -3 y 2 respectivamente- y las jugadas de dos más uno se sucedían sin remedio. Desde la línea de tiros libres el Dream Team cosechó el colchón de puntos que le permitió dar la vuelta al marcador hasta el 31-38 con el que finalizó el primer cuarto.

Una ventaja que prácticamente se mantuvo al descanso (¡61-69!) a pesar de que en el segundo cuarto Bryant, Lebron James y el propio Wade amenazaron con agrandar la brecha en el marcador a base de intensidad, robos de balón y triples (8 de 14). Pero España no se descompuso y mantuvo el tipo. Ni siquiera con las constantes concesiones de los colegiados a las estrellas de la NBA, que en Pekín viven como en casa a pesar de los supuestos arbitrajes FIBA. El sueño aún era posible. Sobre todo recuperando cierta intensidad perdida y la cabeza y la zona reclamada a gritos por Aíto García Reneses desde la banda.

Con Navarro en su mejor versión y con unos enormes Marc Gasol y Felipe Reyes, fajadores incansables de los intereses patrios bajo los aros y los empujones del tatuado Anthony y el descomunal Howard, España llegó a ponerse a cuatro puntos (67-71). Pero a cada oportunidad que la Selección tuvo de igualar el marcador, el exceso de ansiedad bloqueaba la efectividad anotadora. La jugada se precipitaba y el aro acababa con escupir el balón. Así transitamos, entre la ilusión y la desesperación de quien no logra aprovechar sus oportunidades, hasta el final del tercer cuarto (82-91).

España rozó el milagro

En un partido increíble, España alcanzó el último cuarto con opciones reales de victoria sobre el segundo mejor equipo que la NBA ha llevado nunca a unos Juegos Olímpicos, aquel inolvidable de Barcelona'92, con Jordan, Bird, Magic, Robinson, Barkley... En unos minutos mágicos, en los que vivimos con el corazón bombeando a toda máquina, los chicos de oro se colocaron a dos puntos de la igualada (89-91), gracias a un espectacular alley-oop rematado por Gasol y un soberbio triple de Rudy Fernández. Inciso: partidazo del próximo jugador de Portland, que incluso osó a hacer un mate 'in your face' a Dwight Howard.

Pero la amenaza volvió a convertirse en acicate para el equipo yanqui, todo un compendio de talento y fortaleza física, que encontró siempre el triple o la conexión adecuada en el momento justo. La ecuación improvisada que distancia a los buenos de los mejores. Bryant se deshizo de lo que parecía un tapón colosal de Felipe Reyes para mantenerse en el aire y encestar. Y Williams acertó instantes después desde detrás de la línea de 6,25 metros. Ahí se acabó el sueño de una Selección histórica, que acarició la gesta imposible y que ha instalado al baloncesto español en la élite mundial. Toda una licencia para soñar.

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